Una de las anécdotas más icónicas y polémicas en la historia del rock ocurrió cuando Ozzy Osbourne, líder de Black Sabbath, sorprendió al mundo al morder la cabeza de un murciélago en pleno concierto, por lo que hoy, conmemorando su legado en la música tras su muerte, te recordamos cómo sucedió este legendario (y, muy extraño) acto realizado por el príncipe de las tinieblas.
¿Animal o peluche? Así arrancó Ozzy Osbourne la cabeza del murciélago
El 20 de enero de 1982, Ozzy Osbourne marcó un antes y un después en su carrera al arrancar la cabeza un murciélago, acto que se convirtió en leyenda urbana y símbolo de rebeldía en el rock.
Ozzy se encontraba dando una presentación en el Veterans Memorial Auditorium de Des Moines, Iowa, como parte de la gira Diary of a Madman. Según los reportes y testimonios, el suceso inició cuando un fan lanzó un murciélago muerto al escenario.
Creyendo que se trataba de un juguete de goma, Ozzy lo tomó y, en un gesto teatral, le arrancó la cabeza con la boca. Sin embargo, al sentir la textura real del animal, el músico comprendió que no era un accesorio. “Me supo horrible”, confesó años después en su autobiografía.
El acto generó pánico entre los asistentes y obligó a Osbourne a recibir atención médica inmediata. Fue trasladado al hospital, donde le aplicaron inyecciones contra la rabia, ya que el murciélago podía haber estado infectado.
El incidente, lejos de hundir su carrera, consolidó la imagen de Ozzy como el “Príncipe de las Tinieblas” y uno de los personajes más extravagantes del rock. Décadas después, el músico ha reconocido que el hecho fue un error: “Fue algo asqueroso. No lo recomiendo a nadie”, bromeó en entrevistas.
El suceso convertido en mercadotécnica
En 2019, para conmemorar el suceso, Osbourne lanzó una figura de vinilo con un murciélago de cabeza desprendible, un guiño a aquel momento que cambió la historia del rock y lo convirtió en un mito viviente.
Además, en la película “Little Nicky” o “El Hijo del Diablo” de Adam Sandler, Ozzy apareció como un cameo arrancando la cabeza a un murciélago vivo, burlándose de la situación que lo satanizó por muchos años.











