El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, reveló que la explosión de un vehículo cargado con explosivos en Coahuayana, Michoacán, no fue un acto terrorista ni un ataque directo contra la policía comunitaria.
De acuerdo con el funcionario federal, el ataque, que dejó al menos cinco personas fallecidas y 12 heridas, fue resultado de una pugna interna entre líderes de grupos delictivos afines al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y Cárteles Unidos.
¿Qué pasó en la explosión de Coahuayana, Michoacán?
El incidente ocurrió el sábado 6 de diciembre en el municipio de Coahuayana, en la costa de Michoacán, frente a las instalaciones de la Policía Comunitaria.
Inicialmente reportado como un «coche bomba», Harfuch aclaró que no se trató de un vehículo abandonado y detonado a distancia, sino de una camioneta ocupada por dos personas que ingresaron al sitio, se estacionaron y luego explotó.
«No fue un coche bomba que hayan dejado y que después haya detonado, sino que hay un conductor y una persona adicional que ingresan, llegan, se estacionan y el vehículo es cuando explota», explicó el secretario durante la conferencia mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La Fiscalía General de la República (FGR) atrajo el caso y realiza nuevos peritajes, descartando por ahora la clasificación de terrorismo y enfocándose en delincuencia organizada.
Pugna entre CJNG y Cárteles Unidos: El origen del ataque
Según García Harfuch, el evento no es aislado.
«No es el primer evento tampoco que se usa explosivos en este año precisamente en esa zona. Se trata de una disputa territorial entre células afines al CJNG, el Cártel de Tepalcatepec y Cárteles Unidos».
«En este caso, es una pugna entre un grupo afín al Cártel Jalisco Nueva Generación y otro grupo que son Cárteles Unidos, una de dos personas líderes que están en la zona, muy específicos, que fue una pugna entre ellos, no fue un ataque directo a la policía comunitaria que está vinculada con uno de estos líderes», detalló.
Los líderes involucrados buscan control territorial para expandir actividades como extorsión, narcomenudeo, trasiego de drogas y tráfico de armas.
«Principalmente, en este caso, es el control territorial», enfatizó Harfuch, agregando que estas células «muchas veces han agredido a policías comunitarios».
Coahuayana es un punto estratégico en la frontera con Colima, clave para rutas de precursores químicos y drogas, lo que intensifica las rivalidades entre el CJNG –uno de los cárteles más violentos de México– y Cárteles Unidos.











