Los restos de Hernán Cortés, una de las figuras más polémicas de la historia de México, no han tenido un descanso definitivo. A lo largo de casi cinco siglos, su cuerpo fue trasladado en al menos nueve ocasiones, en una historia marcada por conflictos políticos y el rechazo que su figura ha generado con el paso del tiempo.
Cortés murió el 2 de diciembre de 1547 en España, específicamente en Castilleja de la Cuesta. En un inicio, fue sepultado en ese país, pero su deseo era reposar en la Nueva España, territorio que conquistó. Años después, sus restos fueron trasladados al continente americano, comenzando así una larga serie de movimientos.
Los nueve movimientos de los restos de Hernán Cortés
El primer movimiento ocurrió precisamente en el mes de su muerte en la iglesia del monasterio de San Isidro del Campo, en Sevilla. Sin embargo, solo tres años después fue exhumado y nuevamente enterrado en la misma iglesia de San Isidro, pero ahora junto al altar de Santa Catarina.
En 1562, según William Prescott, fue llevado a México, específicamente a la iglesia de San Francisco, en Texcoco. El viaje no terminó ahí: en 1629 sus restos fueron enviados a la Ciudad de México.
Fue hasta1794 cuando parecía haber encontrado descanso en el Hospital de Jesús, un lugar estrechamente ligado a su legado, ya que fue fundado por el propio conquistador. Ahí el virrey Juan Vicente de Güemes ordenó construir un mausoleo de jaspe, con su escudo en bronce.
El motivo principal de estos traslados fue el contexto político y social. Tras la Independencia de México en el siglo XIX, la figura de Cortés se volvió incómoda y controversial. En medio del rechazo hacia figuras del pasado colonial, el Congreso propuso exhumar los restos de Cortés y destruirlos públicamente. Ante este riesgo, el historiador y político Lucas Alamán tomó una decisión drástica: retiró los restos en secreto, los ocultó dentro de un muro de la iglesia contigua y difundió la versión de que habían sido enviados a Italia.
Para asegurar que no se perdieran, Alamán dejó la ubicación exacta en tres documentos sellados, entregados a distintas instituciones. Durante más de un siglo, nadie abrió esas actas.
El misterio se resolvió hasta 1946, cuando fue encontrado uno de los documentos en la Embajada de España en México. Siguiendo las indicaciones, se logró ubicar la bóveda oculta. Dentro, los restos permanecían resguardados junto a un documento que confirmaba su autenticidad.
Tras ser analizados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se confirmó su identidad. Finalmente, en 1947, fueron sepultados de manera definitiva en la iglesia del Hospital de Jesús, cumpliendo así el deseo original de Cortés.
¿Será enviado nuevamente a España?
Actualmente algunas voces han planteado la posibilidad de que los restos de Cortés sean llevados a España, su país de origen, como una forma de “cerrar un ciclo histórico”. Quienes apoyan esta idea consideran que podría ayudar a disminuir la carga simbólica que representa su figura en México, especialmente por su papel en la caída de Imperio Mexica. Entre esas personas está el escritor mexicano Pedro Miguel, quien ya ha solicitado con una carta el traslado:
“Por este medio solicito a usted que se lleven a cabo las gestiones pertinentes a fin de exhumar y empacar los restos del señor Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano, que a la fecha se encuentran en un nicho situado al interior del Templo de Jesús Nazareno, en la calle de República del Salvador 119, Centro Histórico”.
Por ahora, no hay una decisión oficial, pero la conversación sigue abierta. Y como ha ocurrido en otras ocasiones, el destino final de los restos de Hernán Cortés parece estar lejos de resolverse definitivamente.









