Este 12 de febrero, la esquiadora Sarah Schleper escribió una de las páginas más emocionantes del deporte mexicano y mundial al competir en sus séptimos Juegos Olímpicos de Invierno, una marca sin precedentes en la historia del esquí alpino.
A sus 46 años, la atleta nacida en Colorado comenzó su trayectoria olímpica en Nagano 1998 y, desde entonces, nunca ha dejado de luchar contra la gravedad, el tiempo… y los pronósticos. Tras representar a Estados Unidos en cuatro ediciones, Schleper decidió en 2018 vestir la camiseta tricolor y convertirse en un símbolo del deporte mexicano en las pistas de nieve.
Lo hiciera como lo hiciera, su historia ya es legendaria: nadie antes había participado en siete Juegos Olímpicos de Invierno en esquí alpino, mucho menos con el mismo nivel competitivo y promoviendo el deporte en países sin tradición invernal como México.
¿Cómo le fue a Sarah Schleper en los Juegos Olímpicos de Invierno?
En la difícil pista de Cortina D’Ampezzo, en la prueba de Super-G femenino, Schleper desafió condiciones complicadas que dejaron fuera a muchas competidoras. Con calma y experiencia, cruzó la meta con un tiempo de 1:31.27 en su bajada en el puesto 26, el mejor registro histórico para un mexicano en esta disciplina en unos Juegos Olímpicos de Invierno.
Pero más allá del lugar, lo que realmente conmueve es la constancia de una deportista que ha mantenido su carrera durante casi tres décadas, rompiendo barreras de edad, nacionalidad y expectativas.
Además, esta edición olímpica tiene un toque aún más especial: Sarah compite junto a su hijo, Lasse Gaxiola. Con solo 17 años, él también se clasificó para el equipo mexicano de esquí alpino, haciendo de Milano-Cortina 2026 la primera vez que una madre y su hijo participan en los mismos Juegos Olímpicos de Invierno.











