El pasado domingo 28 de julio, se reportó el fallecimiento de Ángel Macías Barba, a los 80 años de edad, el icónico pitcher parte de los “Pequeños Gigantes de Monterrey”, los ganadores de la Serie Mundial de Ligas Pequeñas en Williamsport en 1957, por lo que aquí te contamos la historia de ese legendario suceso.
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En el verano de 1957, un grupo de jóvenes beisbolistas mexicanos colocaron su nombre con letras de oro en la historia del deporte internacional. Los “Pequeños Gigantes” de Monterrey, un equipo infantil de la Liga Industrial de la capital regiomontana, se convirtió en el primer conjunto no estadounidense en jugar este torneo. Después de 12 victorias, “los pequeños gigantes» llegaron a la final, donde se enfrentaron al equipo de La Mesa, California.
Monterrey derrotó a La Mesa en la final por marcador de 4-0 para consagrarse el primer campeón extranjero de la Serie Mundial de Ligas Pequeñas. Macías lanzó un juego perfecto de 6 entradas para lograr el campeonato a sus 12 años y 11 meses.
De Monterrey para el mundo: la historia del juego perfecto de los Pequeños Gigantes
La Liga Industrial Monterrey estaba conformada por 14 niños entre 11 y 14 años, originarios de Nuevo León y estados aledaños, liderados por su mánager César Faz, quien fuera anteriormente utilero de los St. Louis Cardinals. Entre el roster se encontraba Ángel Macías Barba y José Maíz García, hijo de José Maíz Mier, fundador de los Sultanes de Monterrey.
El conjunto infantil practicaba en terrenos baldíos y parques, con equipo precario e improvisado. Sin embargo, empresarios como Roberto G. Sada y empresas privadas de la región ayudaron a la escuadra con uniformes y equipo deportivo para disputar el torneo.
Su sueño comenzó en Monterrey y los llevó a cruzar toda la frontera con Estados Unidos para participar en las eliminatorias regionales, a pesar de enfrentar múltiples obstáculos económicos. Con apenas un uniforme por jugador y durmiendo muchas veces en automóviles o comiendo lo que podían, estos pequeños deportistas comenzaron su aventura como una verdadera hazaña de supervivencia y pasión por el béisbol.
Contra todo pronóstico, los Pequeños Gigantes vencieron a equipos estadounidenses más experimentados y con mejores condiciones de preparación. Pero el punto máximo llegó el 23 de agosto de 1957, cuando enfrentaron a La Mesa, California, en la gran final en Williamsport.
Ángel Macías lanzó un juego perfecto, es decir, retiró a los 18 bateadores sin permitir hit, carrera ni base por bolas. Hasta la fecha, es el único juego perfecto lanzado en una final de la Serie Mundial de Ligas Pequeñas.
El impacto de esta victoria fue enorme. No solo pusieron a México en el mapa del béisbol infantil, sino que también se convirtieron en un símbolo de esperanza, disciplina y orgullo nacional. A su regreso a Monterrey, fueron recibidos como héroes por miles de personas y más tarde inmortalizados en películas, libros y homenajes, incluyendo el filme “Los Pequeños Gigantes” (1960).











