En un hecho calificado como «altamente inusual y agresivo» por el propio Washington Post, agentes del FBI ejecutaron esta mañana una orden de allanamiento en el domicilio de la reportera Hannah Natanson en Virginia, como parte de una pesquisa sobre materiales clasificados del gobierno.
Los agentes confiscaron su teléfono móvil, un reloj Garmin, dos computadoras portátiles (una de ellas propiedad del Washington Post) y otros dispositivos.
Sin embargo, las autoridades le informaron explícitamente a Natanson que ella no es el objetivo de la investigación ni enfrenta cargos criminales.
El contexto: la «susurradora del gobierno federal»
Hannah Natanson, quien cubre la transformación del gobierno federal bajo la segunda administración de Donald Trump —incluyendo despidos masivos, reestructuraciones y cambios en agencias clave—, se convirtió en una figura clave del periodismo de investigación en 2025.
En diciembre de 2025 publicó un impactante artículo en primera persona titulado «I am The Post’s ‘federal government whisperer.’ It’s been brutal» (Soy la «susurradora del gobierno federal» del Post. Ha sido brutal), donde reveló haber recibido más de 1,169 fuentes nuevas —actuales o exempleados federales— a través de Signal y otros canales seguros.
Estos contactos le confiaron información sensible sobre cómo la administración Trump estaba «reescribiendo políticas laborales, despidiendo colegas y transformando misiones de agencias».
La reportera describió el proceso como agotador, al punto de casi «quebrarla» emocionalmente, y destacó las medidas extremas que tomó para proteger la confidencialidad de sus fuentes.
La conexión con el caso del contratista
La orden de allanamiento está vinculada al caso de Aurelio Perez-Lugones, un administrador de sistemas en Maryland con autorización de seguridad top secret.
Según una declaración jurada del FBI obtenida por el Washington Post, Perez-Lugones accedió ilegalmente a informes de inteligencia clasificados entre octubre de 2025 y enero de 2026.
También Imprimió y capturó pantallas de documentos secretos relacionados con un país extranjero y llevó materiales clasificados a su casa y automóvil, donde fueron encontrados en su lonchera y sótano.
Perez-Lugones fue acusado la semana pasada de retención ilegal de información de defensa nacional.
Actualmente está detenido y comparecerá en corte federal este jueves. Importante: la denuncia penal no lo acusa de haber filtrado la información a medios de comunicación.
La Fiscal General Pam Bondi confirmó el operativo en un post en X, afirmando que se realizó «a solicitud del Departamento de Guerra» (nombre que la administración Trump usa para el Departamento de Defensa).
Bondi escribió: «La administración Trump no tolerará filtraciones ilegales de información clasificada que, al ser reportadas, representan un grave riesgo para la seguridad nacional y para los valientes hombres y mujeres que sirven a nuestro país. El filtrador está actualmente tras las rejas».
Reacciones: alarma en el mundo del periodismo
El Washington Post calificó la acción como «extremadamente rara», ya que las investigaciones de filtraciones a periodistas suelen limitarse a registros telefónicos o correos, no a allanamientos domiciliarios.
Organizaciones como la Society of Professional Journalists (SPJ) condenaron el operativo, recordando que la Privacy Protection Act de 1980 busca precisamente evitar este tipo de intrusiones en el trabajo periodístico.
Periodistas del Post y colegas de otros medios expresaron solidaridad inmediata en redes sociales. Ex editores y reporteros advirtieron sobre un posible «efecto inhibidor» (chilling effect) que podría desalentar a fuentes confidenciales a hablar con la prensa.
Este incidente revive debates sobre el equilibrio entre seguridad nacional y libertad de prensa en la era Trump 2.0, especialmente tras cambios en las directrices del Departamento de Justicia que facilitan acciones contra filtraciones.
El Washington Post anunció que está «revisando y monitoreando la situación» de cerca. Hasta el momento, no se han presentado cargos contra Hannah Natanson ni contra el periódico.











