El 11 de septiembre es una fecha que, para gran parte del mundo, evoca de inmediato los atentados terroristas de 2001 en Estados Unidos.
Sin embargo, en Chile y en gran parte de América Latina, ese mismo día arrastra un significado mucho más antiguo y profundamente doloroso: el golpe de Estado de 1973 que derrocó al presidente Salvador Allende e instauró la dictadura de Augusto Pinochet.
Esta doble carga simbólica convierte al 11 de septiembre en una de las fechas más complejas de la memoria colectiva contemporánea.
El 11 de septiembre de 1973: el día que cambió Chile
En la mañana del martes 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas chilenas, junto a Carabineros, ejecutaron un golpe de Estado contra el gobierno democráticamente elegido de la Unidad Popular, liderado por el presidente socialista Salvador Allende.
Los hechos más dramáticos se concentraron en Santiago:
– El Palacio de La Moneda fue bombardeado por aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea.
– Allende se negó a renunciar y murió ese mismo día (según la versión oficial y judicial, por suicidio).
– Se instaló una Junta Militar presidida por el general Augusto Pinochet.
– Comenzó una dictadura que se extendió por 17 años (1973-1990).
Según los informes oficiales de verdad (Rettig y Valech), la dictadura dejó más de 40.000 víctimas calificadas, entre ejecutados políticos, detenidos desaparecidos y personas sometidas a prisión política y tortura.
Cómo se conmemoraba el 11 de septiembre antes de 2001
Durante la dictadura, el régimen presentó la fecha como el “Día de la Liberación Nacional”.
Desde 1981 fue feriado oficial y se celebraba con actos patrióticos, discursos y desfiles que exaltaban el “pronunciamiento militar”.
Para la oposición y las víctimas, en cambio, era un día de duelo y resistencia. Las conmemoraciones se realizaban de forma clandestina o en espacios religiosos, y las protestas eran frecuentemente reprimidas. Tras el retorno a la democracia en 1990, el 11 de septiembre se transformó en una fecha de memoria dividida.
Los gobiernos de la Concertación privilegiaron actos de recuerdo a las víctimas y el compromiso del “Nunca más”, mientras sectores pinochetistas mantenían su propia lectura de los hechos. El feriado se mantuvo hasta finales de los años 90.
La coincidencia con el 11S de 2001
Cuando el 11 de septiembre de 2001 dos aviones impactaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, un tercero contra el Pentágono y un cuarto se estrelló en Pensilvania, el mundo adoptó esa fecha como símbolo del terrorismo internacional y del comienzo de una nueva era de seguridad global.
En Chile, la coincidencia generó un efecto particular:
– La fecha pasó a tener un doble significado: el golpe de 1973 y los atentados de 2001.
– Durante los primeros años posteriores a 2001, los medios y la opinión pública internacional centraron casi toda su atención en el 11S estadounidense, lo que en algunos sectores chilenos generó la sensación de que “el otro 11 de septiembre” quedaba parcialmente opacado.
– Con el paso del tiempo, sin embargo, la memoria del golpe de 1973 se reafirmó con fuerza, especialmente en los aniversarios redondos (30, 40 y 50 años).
Hoy, cada 11 de septiembre en Chile conviven ambas conmemoraciones: actos oficiales y ciudadanos de memoria por las víctimas de la dictadura, y, en menor medida, recuerdos de los atentados de Nueva York.
Por qué sigue siendo relevante hablar de ambos 11 de septiembre
La coincidencia de fechas no es solo una curiosidad histórica. Ambos acontecimientos, aunque de naturaleza completamente distinta (un golpe de Estado interno versus un ataque terrorista transnacional), comparten elementos que marcan la memoria colectiva:
– Ruptura abrupta del orden cotidiano.
– Uso de la violencia extrema como herramienta política.
– Secuelas de largo plazo en derechos humanos, política exterior y cohesión social.
– Disputas permanentes sobre cómo recordar, qué recordar y quién tiene derecho a narrar los hechos.
Mientras el 11S de 2001 se convirtió en un hito global de la lucha contra el terrorismo, el 11 de septiembre chileno de 1973 permanece como uno de los episodios más simbólicos de las dictaduras latinoamericanas del siglo XX y de los debates sobre memoria, verdad y justicia.
Conclusión
El 11 de septiembre es, para Chile, una fecha de doble memoria. Antes de que el mundo asociara ese día con las Torres Gemelas, ya era el aniversario del golpe que puso fin a la democracia chilena y dio inicio a 17 años de dictadura.
Recordar ambos acontecimientos no implica compararlos en magnitud ni en naturaleza, sino reconocer que una misma fecha puede cargar significados profundos y diferentes según el lugar desde el que se mire.
En Chile, el 11 de septiembre sigue siendo, ante todo, el día en que La Moneda ardió y la democracia se quebró.









